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PRESENTACIÓN PAISAJÍSTICA

présentación
paisajística
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face nord du Mont-Perdu 
lac glacéUna serie de circunstancias favorables reunió alrededor del macizo del Monte-Perdido (3.355m) -de las "Tres Serols" según dicen los Aragoneses- el más magnífico conjunto de paisajes pirenaicos. En un perímetro que refleja la geomorfología del macizo que se confunde con el espacio inscrito en la lista del patrimonio mundial de la UNESCO con el título de ""paisaje natural" y de "paisaje cultural". Los deslizamientos de enormes masas calcáreas añadidas a los fortísimos contrastes climáticos entre el Norte y el Sur producen efectos eminentemente pintorescos inscritos en las formas del relieve, la variedad de las esencias, la diversidad de los colores.

Al Sur, el hilo tenue de una discontinuidad al contacto de dos lentas reptaciones rocosas dibujaba, al acabarse la lejana surrecc&ión del Pirineo, el porvenir de un cañón. Más al Oeste, todavia en Aragón, la corteza se rompió, abriendo otras profundas grietas: las de Añisclo, escenas de convulsiones minerales y alborotos de arborescencia, Ordesa, al fin, armonía de ritmos verticales donde los relieves en proa, dominando la amplitud de su manto forestal, esconden el desfiladero solemne de los bastiones avanzados y de los retrocesos hurtados. Al Norte, los grandes glaciares de antaño modelaron los alineaciones de las murallas de Barrosa, los inmensos circos de Troumouse, Estaubé y Gavarnie.

Un enorme peso arraiga estas arquitecturas monumentales. Ramond, ilustre naturalista y escritor de la época romántica veía allí, ya antes de escalar el Monte-Perdido en 1802, "estas formas sencillas y graves, estos cortes netos y atrevidos, estas peñas tan enteras y tan sanas cuyos anchos asientos se alinean en murallas, se encorvan en anfiteatros, se labran en gradas, se lanzan en torres donde la mano de los gigantes parece haber aplicado la plomada y el cordel"

Estos muros gigantescos donde Víctor Hugo reconoció el "portento de la naturaleza" tendrían una sombría austeridad si el capricho de sus decoraciones no templara sus efectos: cascadas que murmuran sobre su desnudez vertical, brillos de cornisas nevadas que les coronan, huídas horizontales de las gradas que se inclinan sobre el vacío al recorrerlas.

Estos tersos acantilados no permiten a los chorreos la posibilidad de hundirse en el espesor del karst; se precipitan en el vacío en una multitud de pequénas cascadas. Otro sorprendente contraste paisajístico, en la vertiente meridional, apenas liberadas del estrechamiento del hielo, las aguas son asidas por la aridez punzante de las altas mesetas de gravas quemantes. Se libran de sus recorridos ciegos en resurgencias vertiginosas, en preciosos juegos de aguas, en torrentes donde brincan espumas y sombras en los subsuelos lujuriantes de los cañones aragoneses.

cascades de glace de GavarnieTodos estos sitios ofrecen sus marcos suntuosos a la escritura escasa de la historia geológica de su montaña. Encierran una singular riqueza naturalista que atestigua un endemismo de un vigor asombroso en este espacio que sin embargo es relativamente restringido en el Pirineo. La situación del Monte-Perdido en el extremo límite sur de las grandes glaciaciones europeas del cuaternario, muestra una señalada diversidad entre la vegetación de las vertientes expuestas al sur y la de las frías simas de la vertiente Norte. La yuxtaposición de econotonos tan diferentes atrae ya en el siglo XVII la curiosidad de los botánicos. En un mismo orden de ideas, las "piedras conchíferas" de las cumbres más elevadas del macizo interrogan las teorías neptunianas y del fuego de los geológos del siglo XVIII. Así las observaciones de la época sobre el Monte-Perdido y sus cercanías participan en los balbuecos de la botánica y la geología moderna.

Algunos decenios más tarde, en la huella de la obra literaria de Ramond, el macizo promovido lugar destacado del romanticismo acoge autores, artistas, personalidades políticas de las más célebres de Europa. El macizo del Monte-Perdido -sobre todo Gavarnie que fue durante largo tiempo un centro afamado del ascensiones- está en el centro del desarrollo del turismo de altitud y de la epopeya del "pireneísmo", forma local de la práctica del alpinismo.

Estos acontecimientos, de un interés incontestable, no disminuyen sin embargo la primordialidad de la larga y ejemplar historia de los montañeros autóctonos, fundamento esencial del "paisaje cultural" consagrado por la UNESCO.

troupeaux espagnols
sur le versant français
passage par la BernatoireVestigios megalíticos atestiguan la antigüedad de la ocupación humana de estas altas tierras. Comunidades agro-pastorales se establecen ya en aquella época en todas las dependencias del macizo. Rapidamente, dominan el ambiente montañoso y sus rigores climáticos al adaptar sus modos de producción y una admirable organización social a las condiciones de su medio ambiente. La explotación de los pastos de altitud -aqui las "estivas"- descubre los altos pasos crestados a estos habitantes.

Desde entonces, apropiándose de los contrastes entre las dos vertientes en la perspectiva de fructuosas complementaridades, los intercambios se multiplican entre el país del Barege al Norte y los valles de Broto y del Cinca al Sur. A partir del siglo XIV, acuerdos escritos -verdaderos tratados- rigen los usos pastorales, y poco después la libertad y la seguridad de los intercambios comerciales. Así los ganaderos del alto Aragón obtuvieron, bajo ciertas condiciones y según los casos, el disfrute o la propriedad de la hierba de varios pastos en la vertiente norte para contrarrestar la sequía del pleno verano en el Sur. Concerniendo asi estos tratados todas las actividades y relaciones entre estas comunidades, ellos obligaban sus colectividades respectivas a resarcir a las víctimas de posibles riñas y actos de bandidaje. Como consecuencia de esta judiciosa y previsora solidaridad, los sospechosos eran favorecidos entonces por una relativa protección, precaución sumamente moderna para la época.

terrasses de BestueAlrededor del Monte-Perdido, los paisajes atestiguan esta hermosa y antigua alianza entre el hombre y la montaña: vías de tránsito, caminos, hospicios, refugios, cabañas, muros bajos... Este sitio, en su conjunto, "refleja un modo de vida agrícola antiguamente difundido en las regiones montañosas de Europa", pero aquí, es notable por su elaboración perfeccionada cuyos ciertos rasgos siguen de actualidad. Y más aún, todo un abanico de valores inmateriales ligadas a la naturaleza, al ideal mismo de un paisaje cultural, acompañan al visitante. Una geografía no "desnaturalizada" que afirma su diferencia enfrente de la uniformización de nuestra civilización técnica por sus valores culturales esenciales y singulares.

Ciertamente son unos lugares raros, no sólo "reservas protegidas" sino más bien la esperanza para la UNESCO de encontrar allí un modelo dedicado a un desarrollo armonioso. Poseyendo su diversidad biológica alimentada por una utilización tradicional del espacio montañés -y abierta a una integración en nuestra sociedad contemporánea- en ahi una montaña de paisajes donde el hombre toma todavía conciencia de vivir sobre la tierra.




Asociación MPPM Monte-Perdido Patrimonio Mundial
Presentación paisajística - Patrice de Bellefon - 24/01/2000